Crisis Económica

México

Una recesión no se decreta el día que empieza: se confirma meses después, con datos. Mientras tanto, lo que decide cómo le va a una familia no es adivinar cuándo llegará, sino tener ya un fondo de emergencia y saber en qué orden priorizar los pagos si el ingreso se corta. Aquí está lo que dicen los organismos económicos oficiales, sin promesas ni consejos de inversión.

Actualizado el 9 de septiembre de 2026

Fila de hombres esperando en un comedor social bajo el puente de Brooklyn durante la Gran Depresión.
Fila de hombres esperando en un comedor social bajo el puente de Brooklyn durante la Gran Depresión.Library of Congress, Prints & Photographs Division, FSA/OWI Collection · Sin restricciones conocidas (colección FSA/OWI)

Prepararse antes de una recesión

Antes de la crisis

Qué es técnicamente una recesión. El NBER —la autoridad que fecha oficialmente las recesiones en Estados Unidos— la define como «un declive significativo en la actividad económica, extendido por toda la economía, y que dura más de unos pocos meses». Usa tres criterios: profundidad, difusión y duración, evaluados con seis indicadores mensuales, entre ellos el ingreso personal real, el empleo no agrícola y la producción industrial.

Qué es la inflación, en la definición oficial. La Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos (BLS) la define como «el movimiento general y sostenido al alza de los precios de bienes y servicios en una economía», medida con el Índice de Precios al Consumidor sobre una canasta representativa. No es que suba un solo producto: es que sube el nivel general de precios de forma sostenida.

  • No esperes a que se anuncie oficialmente una recesión para prepararte: la confirmación siempre llega con meses de retraso.
  • Sigue indicadores simples de tu economía local: empleo, precios de la canasta básica, tipo de cambio si tu país lo tiene volátil.
  • Desconfía de quien promete «anticipar» la próxima crisis con certeza: ni los propios economistas oficiales lo hacen en tiempo real.
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Reducción de gastos

Antes de la crisis

Cuando el ingreso cae, la pregunta no es «cómo gasto menos» sino «qué pago primero». Y aquí conviene una advertencia de entrada: no existe una lista oficial obligatoria que ordene los pagos. Lo que sí publican los organismos financieros es un criterio, y es mejor que una lista, porque se adapta a tu caso.

1. Lo que necesitas para conservar la vivienda y los servicios
Renta o hipoteca, impuesto predial si la casa es tuya, y los servicios: gas, electricidad, agua, drenaje. Es el primer bloque en la guía del CFPB porque perder la vivienda o quedarse sin servicios básicos hace todo lo demás mucho más caro y más difícil de revertir.
2. Lo que necesitas para conservar o conseguir trabajo
Transporte y cuidado infantil. Suena secundario y no lo es: si dejas de pagar lo que te permite ir a trabajar, el problema pasa de ser un mes malo a ser un ingreso perdido.
3. Los seguros que debes pagar
El seguro que te protege de una pérdida mayor sigue siendo más barato que la pérdida. Cancelar la póliza para ahorrar es el tipo de ahorro que se cobra caro justo en el peor momento.
4. Obligaciones y deudas
Obligaciones ordenadas por un juez —pensión alimenticia, multas— y después otros préstamos y tarjetas. Van al final, y eso no significa ignorarlas: significa que antes de dejar de pagarlas hay algo mucho mejor que hacer, y está en la siguiente sección.
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Fondo de emergencia

Antes de la crisis

Cuánta fragilidad financiera hay realmente. El informe más reciente de la Reserva Federal sobre el bienestar económico de los hogares (datos de 2025) encontró que el 12% de los adultos en Estados Unidos no podría cubrir un gasto imprevisto de 400 dólares por ningún medio, y el 37% no lo cubriría usando solo efectivo o su equivalente. No es una situación excepcional: es la de una parte considerable de la población, aun en una economía grande y desarrollada.

  • Empieza con lo que puedas, aunque sea una fracción del objetivo: un fondo pequeño ya cambia qué tan expuesta está una familia a un gasto imprevisto.
  • Sepáralo de la cuenta del gasto diario para no tocarlo por costumbre.
  • Repórtalo como una meta, no como un lujo: la cifra de la Reserva Federal muestra que sin él, cualquier imprevisto de 400 dólares puede ser una crisis.
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Proteger el ingreso

Durante la crisis
  • Pide mover la fecha de pago. El CFPB señala que se puede negociar una nueva fecha de vencimiento para alinearla con el día en que efectivamente recibes tu ingreso. Es gratis y a veces resuelve el problema completo.
  • Pon por escrito lo que te ofrezcan. Un acuerdo verbal con un ejecutivo que mañana ya no trabaja ahí no existe.
  • No pidas un préstamo caro para pagar uno barato. Es la forma más rápida de convertir un mes difícil en un año imposible.
  • Revisa qué ingresos puedes proteger: cobra lo que te deben, factura lo pendiente y persigue esos pagos antes de tocar el ahorro.
  • Habla en casa. Un recorte que solo conoce una persona fracasa; uno que la familia entiende, se sostiene.

Sobre el fondo de emergencia, sin fórmulas mágicas. Circula mucho el «tres a seis meses de gastos», y conviene decir con honestidad que no lo encontramos así en la guía oficial del CFPB. Lo que ese organismo sí dice es más útil para quien está apretado: «la cantidad que necesitas depende de tu situación» y «incluso una cantidad pequeña puede dar algo de seguridad financiera». Su razonamiento de fondo: sin ese colchón, un gasto imprevisto de una sola vez «puede crecer significativamente más que la factura original por los intereses y las comisiones», porque obliga a endeudarse. Empieza por lo que puedas, aunque sea el equivalente a una semana.

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Pérdida de empleo

Durante la crisis

Ante la pérdida de empleo, el orden importa. La Oficina de Protección Financiera del Consumidor de Estados Unidos (CFPB) recomienda este orden concreto:

  1. Tramita el seguro de desempleo. Si tienes acceso a alguno, hazlo de inmediato: el trámite suele tardar y cada día de retraso es dinero que no llega.
  2. Asegura cobertura médica. Revisa las opciones de continuidad de tu seguro, del mercado público o de programas de salud disponibles en tu país.
  3. Contacta de inmediato al acreedor de tu vivienda. O busca ayuda para el pago de renta. Esperar a estar en mora es el peor momento para empezar la conversación.
  4. Gestiona préstamos estudiantiles u otras deudas con plazos. Muchos programas tienen opciones de pausa o ajuste ante pérdida de empleo, pero hay que solicitarlas.
  5. Prioriza facturas contactando a los acreedores antes de dejar de pagar. La CFPB es clara: «tus acreedores podrían estar dispuestos a negociar contigo». Ser proactivo evita cargos y protege tu historial crediticio.
  6. Revisa gastos y tu reporte de crédito. Ajusta lo que se pueda recortar y verifica que no haya errores que empeoren tu situación.

El empleo informal, la otra cara de una crisis de este tipo en América. Según la OIT, el empleo informal representó el 35,4% del empleo total en el continente americano en 2024, con una brecha enorme: 51,7% en América Latina y el Caribe frente a 8,7% en Norteamérica. En Brasil, el IBGE registró en 2025 una tasa de informalidad del 38,1% —13,8 millones de personas sin contrato formal—. Esa brecha importa porque quien trabaja sin contrato suele tener menos acceso a seguro de desempleo y a crédito formal, justo lo que más se necesita al perder el ingreso.

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Inflación y poder adquisitivo

Durante la crisis

Qué es exactamente. El Banco de México la define como «el aumento sostenido y generalizado de los precios de los bienes y servicios de una economía a lo largo del tiempo». Las dos palabras que importan son sostenido y generalizado: que suba el jitomate una semana no es inflación; que suba todo, mes tras mes, sí. El mandato constitucional de ese banco central es precisamente preservar «el poder adquisitivo de la moneda nacional», que es la forma técnica de decir que tu dinero siga comprando lo mismo.

Dónde estamos. Según el Balance Preliminar de la CEPAL con datos a noviembre de 2025, entre febrero y septiembre de 2025 «la mediana de la inflación de la región se redujo aproximadamente a la mitad, llegando a un 1,8%», por la caída de precios internacionales de alimentos y energía y la normalización de las cadenas logísticas. Ojo con leer mal ese número: es una mediana entre países, no un promedio ni la cifra de tu país. Consulta siempre el dato de tu banco central o instituto de estadística.

Qué funciona en casa cuando los precios suben
Sustituir marcas por equivalentes más baratos, comprar a granel lo que no se echa a perder, planear el menú de la semana antes de ir al mercado —comprar sin lista es donde se va el dinero— y comparar precios por unidad y no por envase. Nada de esto es glamoroso y todo esto funciona.
Qué revisar en las cuentas
Las suscripciones que se renuevan solas, los servicios contratados que ya no usas y las compras a plazos con intereses altos. En inflación, la deuda cara duele el doble porque los pagos siguen mientras el poder de compra baja.
Qué NO hacer
Acaparar por pánico —encarece más y a veces se echa a perder—, y creerle a quien te ofrezca «protegerte de la inflación» con un rendimiento fijo alto. Eso último tiene su propia advertencia en la sección de devaluación, y conviene leerla.
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Devaluación

Durante la crisis

El Banco de la República de Colombia explica por qué ocurre: «generalmente sucede porque no hay demanda de la moneda local o hay mayor demanda que oferta de la moneda extranjera». Traducido a la mesa de la cocina: hace falta más dinero local para comprar el mismo dólar, y todo lo que venga de fuera —o se fabrique con insumos de fuera— sube.

Lo que se encarece primero
Los productos importados, porque según la misma fuente «pierden competitividad porque deben ser vendidos a un mayor precio». Electrónica, repuestos, medicamentos importados, insumos agrícolas y todo lo que use componentes de fuera. El efecto no llega el mismo día: llega cuando se acaba el inventario comprado al precio viejo.
La deuda en moneda extranjera, que es la trampa seria
El Banco de la República lo dice con claridad: quienes tienen deuda en dólares «necesitarán obtener más recursos en la moneda local para pagar el mismo valor de la deuda». Si tu ingreso es en moneda local y tu deuda en dólares, una devaluación te sube la cuota sin que tú hayas hecho nada. Antes de endeudarte en una moneda que no ganas, esa es la pregunta que hay que hacerse.
Quién puede salir ganando
Quien vende al exterior o cobra en moneda extranjera: exportadores, turismo receptivo, servicios y trabajo remoto facturado afuera. No es consuelo para la mayoría, pero sí es una pista real de hacia dónde puede reorientarse un negocio pequeño.
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Crisis en tu negocio

Durante la crisis
  1. Mira el calendario antes que el resultado. Anota, semana por semana, cuánto entra y cuándo, y cuánto sale y cuándo. La mayoría de los sustos aparecen aquí y no en el estado de resultados: descubres que el problema no es vender más, es cobrar antes.
  2. Cobra más rápido y paga más lento, en ese orden. Reduce plazos de cobro, pide anticipos, ofrece un descuento pequeño por pago inmediato, y persigue la cartera vencida sin pena. Del otro lado, renegocia plazos con proveedores antes de fallar un pago: la misma lógica que con el banco, la conversación anticipada vale más que la disculpa posterior.
  3. Recorta lo que no genera ingreso, no lo que lo genera. Es tentador cortar publicidad y personal de venta porque son gastos visibles. Suele ser justo lo contrario de lo que conviene: se recorta lo que no toca al cliente.
  4. Deja de financiar a quien no paga. Un cliente que no paga no es un cliente, es un préstamo que tú no decidiste dar. En crisis, esa cartera es la que hunde negocios sanos.
  5. Si hay que cerrar, cierra ordenadamente. Es la parte que nadie quiere leer y la que más problemas evita. La SBA describe el cierre formal: acordarlo entre los socios si los hay, presentar la disolución legal —no hacerlo deja al dueño expuesto a «impuestos y obligaciones de declaración que continúan»—, cancelar registros, permisos, licencias y nombres comerciales, cumplir con las obligaciones laborales, liquidar impuestos y conservar los registros. Cerrar bien deja la puerta abierta a volver a empezar; cerrar huyendo deja deudas que te siguen durante años.

Una nota honesta sobre lo que no encontramos: buscamos un criterio oficial que dijera cuándo conviene cerrar en vez de seguir endeudándose, y no existe. La SBA documenta cómo cerrar, no en qué momento. Esa decisión sigue siendo tuya, y conviene tomarla con un contador y con el flujo de caja delante, no en una noche de insomnio.

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Dinero e ingresos

Los documentos que hay que poner a salvo hoy
La recomendación oficial es guardar pólizas de seguro, escrituras, registros de propiedad y demás papeles importantes en un lugar seguro fuera de la casa. FEMA publica para esto el Emergency Financial First Aid Kit, organizado en cuatro bloques: identificación del hogar, documentación financiera y legal, información médica y contactos. Su regla para el papel: caja o caja fuerte a prueba de fuego y agua, caja de seguridad bancaria, o en manos de alguien de confianza. Para lo digital: archivos protegidos con contraseña en una memoria externa o en almacenamiento seguro fuera del domicilio. Y si pagas todo en línea, imprime periódicamente los registros de tus cuentas.
Un fondo de emergencia, aunque sea pequeño
El CFPB evita las fórmulas mágicas: «la cantidad que necesitas depende de tu situación», pero «incluso una cantidad pequeña puede dar algo de seguridad financiera». Su argumento de fondo es el que importa: sin ese colchón, un gasto imprevisto de una sola vez puede crecer muchísimo más que la factura original por intereses y comisiones, porque obliga a recurrir al crédito.
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Plan familiar

Un plan familiar no es un documento bonito: es un puñado de acuerdos tomados hoy, cuando todos están tranquilos, para no tener que decidir con el corazón acelerado y sin señal en el teléfono. Se hace en una sobremesa y cabe en una hoja pegada en el refrigerador.

  1. Decidan dónde se reúnen, en dos lugares distintos. Uno cerca de casa, para salir rápido, y otro fuera del barrio, por si no se puede volver a la zona. Que todos lo sepan de memoria, incluidos los niños, y que no dependa de que alguien tenga el teléfono a mano.
  2. Nombren un contacto fuera de la zona. Una persona en otra ciudad a la que todos escriben cuando pueden. Esa persona reúne la información y la reparte, de modo que nadie tenga que salir a buscar a nadie. Funciona porque las líneas locales se saturan primero y porque un mensaje pasa donde una llamada no.
  3. Repartan responsabilidades con nombre y apellido. Quién toma la mochila de emergencia, quién corta el gas y la luz, quién acompaña a la persona mayor o con movilidad reducida, quién saca a las mascotas. Una tarea sin dueño es una tarea que nadie hace.
  4. Guarden la lista en papel. Teléfonos de la familia, del contacto de fuera, del médico, de la escuela, del seguro y de emergencias. En papel, en la mochila y en la cartera. El celular sin batería no tiene agenda.
  5. Practíquenlo una vez. Un simulacro de quince minutos revela lo que la conversación no: que la mochila estaba enterrada en el clóset, que nadie sabe dónde está la llave del gas, que el niño no recuerda el punto de reunión. Repítanlo al menos una vez al año y cada vez que cambie algo importante en casa.
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Alimentación y agua

Cómo almacenarla para que sirva cuando la necesites
El CDC pide recipientes de grado alimenticio aprobados, con tapa que cierre bien, de material duro e irrompible —nunca vidrio— y con boca angosta para poder verter. Advertencia expresa: no uses envases que hayan contenido químicos tóxicos como cloro o pesticidas. Y lo que casi todo el mundo olvida: el agua guardada se cambia cada 6 meses. Para desinfectar el recipiente antes de llenarlo, una cucharadita de cloro doméstico sin aroma en un litro de agua, esperar 30 segundos y vaciar.
Qué comida tener guardada
Ready.gov recomienda varios días de alimentos no perecederos y da la lista concreta: carnes, frutas y verduras enlatadas listas para comer —y un abrelatas—, barras de proteína o de fruta, cereal seco o granola, crema de cacahuate, fruta seca, jugos enlatados y leche pasteurizada de larga vida. La regla al armarla es sencilla: comida que tu familia de verdad coma, que no necesite cocción y que puedas rotar antes de que caduque.
  • Mantén refrigerador y congelador cerrados: cada apertura desperdicia horas de la reserva de frío.
  • Tira todo alimento que haya tocado agua de inundación, aunque el envase parezca intacto. Es instrucción expresa de Ready.gov.
  • Ten un abrelatas manual. Es el objeto que más se olvida y el que deja la despensa inservible.
  • Si compras agua embotellada, guárdala sellada en su envase original, en un lugar fresco y oscuro.
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Diversificar ingresos

Adaptación e ingresos

La OIT define el pluriempleo de forma simple: «ocurre cuando una persona trabaja en más de un empleo al mismo tiempo». En América Latina es una realidad extendida y muchas veces no es ambición, es aritmética. La pregunta útil no es si conviene tener una segunda fuente de ingreso, sino cuál elegir para que no te consuma.

Empieza por lo que ya sabes hacer
La segunda fuente de ingreso con más probabilidades de funcionar es la que usa una habilidad que ya tienes y un cliente que ya te conoce. Aprender un oficio nuevo desde cero mientras sostienes un empleo es posible, pero es el camino largo: déjalo para cuando la urgencia haya bajado.
Prefiere lo que no exige inventario
Servicios, reparaciones, clases, cuidado, mandados. Si no funciona pierdes tiempo, no capital. Ese detalle es la diferencia entre un intento fallido y una deuda.
Diversifica de verdad, no en apariencia
Dos ingresos que dependen del mismo sector caen juntos: si trabajas en turismo y tu extra también depende del turismo, no diversificaste nada. Busca que la segunda fuente responda a una demanda distinta de la primera.
Cuida el tiempo y la salud, que son el capital real
Un segundo trabajo que te deja sin dormir termina costando el primero. Ponle un límite de horas por semana desde el principio y revísalo con honestidad al mes.
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Oportunidades económicas

Adaptación e ingresos
Tiempo para empezar: Semanas

Reparaciones menores del hogar por encargo

Cuando el presupuesto familiar se aprieta, muchas personas reparan en lugar de reemplazar. Arreglos de plomería sencilla, carpintería, pintura y montaje suelen tener demanda constante.

Inversión estimada: USD 50–500 Dificultad: media Requiere herramientas
Tiempo para empezar: Días

Venta de comida preparada a domicilio

Cuando muchas familias se quedan sin cocina, sin gas o sin tiempo por atender la emergencia, la comida hecha y económica se vuelve un servicio básico del barrio.

Inversión estimada: USD 20–300 Dificultad: baja Desde casa
Tiempo para empezar: Semanas

Reparación de electrodomésticos

Cuando reponer cuesta demasiado o no hay existencias, reparar el refrigerador, el ventilador o la lavadora vuelve a tener sentido económico.

Inversión estimada: USD 50–500 Dificultad: media Desde casa Requiere herramientas
Tiempo para empezar: Semanas

Captación de agua de lluvia y reparación de fugas

Donde el agua escasea o llega por tandeo, capturar la lluvia del techo y cerrar las fugas de la casa reduce el gasto mes a mes. Se cobra por instalación.

Inversión estimada: USD 100–900 Dificultad: media Requiere vehículo Requiere herramientas
Tiempo para empezar: Días

Sellado y aislamiento térmico del hogar

Sellar rendijas de puertas y ventanas, poner burletes y aislar techos hace que la casa conserve el calor y baja el gasto en calefacción.

Inversión estimada: USD 30–400 Dificultad: baja Requiere herramientas
Tiempo para empezar: Semanas

Huerto de traspatio y venta de plántulas

Cuando suben los precios de las verduras, crece el interés por sembrar en casa. Vender plántulas listas, sustrato y asesoría cuesta poco y tiene demanda repetida.

Inversión estimada: USD 10–200 Dificultad: baja Desde casa
Tiempo para empezar: Días

Trámites y acompañamiento digital

Reponer documentos mojados o perdidos, llenar formularios en línea, escanear e imprimir. Mucha gente no puede hacerlo sola y agradece pagar por ello.

Inversión estimada: USD 0–250 Dificultad: baja Desde casa

Las oportunidades son posibilidades, no garantías. El resultado depende de la ubicación, la demanda, la competencia, el capital, las habilidades y las circunstancias de cada persona.

Filtra las posibilidades de ingreso según tu situación. Los resultados son puntos de partida para investigar en tu zona, no recomendaciones personalizadas. ¿Qué puedo hacer?

Qué se puede vender

Adaptación e ingresos

En una recesión la gente no deja de gastar: cambia en qué gasta. Baja lo aspiracional y lo que se puede posponer; se sostiene lo que evita un gasto mayor, lo que sustituye algo más caro y lo que la gente necesita sí o sí. Esa es la brújula para decidir qué ofrecer.

Lo que evita un gasto mayor
Reparación de electrodomésticos, calzado, ropa y muebles; mantenimiento preventivo de auto, moto y bicicleta; reparación de fugas y de goteras; afilado de herramienta y cuchillos. El argumento de venta es aritmético y verificable: cuesta menos que reponer.
Lo que sustituye algo más caro
Comida preparada por porción frente al restaurante; corte de pelo a domicilio; clases particulares frente a la academia; segunda mano revisada frente a lo nuevo; café y pan hechos en casa. Aquí no se compite por calidad máxima sino por relación precio-resultado.
Lo que la gente necesita pase lo que pase
Alimentos básicos, cuidado de niños y de personas mayores, transporte, medicamentos, servicios de salud, lavandería, útiles escolares. Son mercados que se contraen poco porque no se pueden posponer.
Lo que la gente vende cuando necesita liquidez
Si lo que buscas es vender lo tuyo y no montar un servicio: herramienta que no usas, electrónica, bicicletas, muebles y electrodomésticos en buen estado. Consejo práctico: vende primero lo que se deprecia rápido —electrónica— y conserva la herramienta, que es justamente lo que puede generarte ingresos.
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Negocios y autoempleo

Adaptación e ingresos

Conviene partir de un dato para dimensionar de qué estamos hablando: según la OIT, la informalidad afecta a casi la mitad de la población ocupada de América Latina y el Caribe, alrededor del 47%, con diferencias enormes entre países —menos del 30% en Uruguay y Chile, más del 70% en Bolivia y Perú—. Para millones de familias de la región, «buscar trabajo» y «montar algo por cuenta propia» son la misma frase. Lo que sigue no es una promesa de ingresos: es el mapa de lo que la gente efectivamente hace cuando pasa una crisis, con sus requisitos y sus riesgos a la vista.

Un negocio en recesión se juzga por tres cosas: cuánto necesitas para arrancar, cuánto tardas en cobrar y qué pasa si no funciona. Lo que sigue está ordenado por inversión creciente, y todo puede empezarse mientras se conserva otro trabajo.

  1. Empieza por vender tiempo y habilidad, no producto. Limpieza, cuidado de personas, mandados, clases particulares, reparaciones simples, jardinería, lavado de ropa. No requieren inventario, así que si no funciona no pierdes capital: pierdes tiempo. Es la forma más barata de descubrir si hay demanda real en tu zona antes de comprometer dinero.
  2. Cobra bien desde el primer cliente. Calcula tu precio sumando material, transporte, horas y un margen; no lo fijes copiando al vecino. Cobra un anticipo cuando haya material de por medio y deja el precio por escrito, aunque sea en un mensaje. La mayoría de los autoempleos que fracasan no fracasan por falta de clientes, sino por cobrar por debajo del costo real.
  3. Separa el dinero del negocio del dinero de la casa. Desde el primer día, aunque sean dos sobres o dos cuentas. Sin esa separación es imposible saber si el negocio gana o si te estás gastando el capital de trabajo. La plantilla de control de este sitio sirve exactamente para eso.
  4. Reinvierte en herramienta antes que en imagen. Una herramienta amplía lo que puedes cobrar; un logo bonito no. Compra la herramienta que te permita aceptar el trabajo que hoy tienes que rechazar, y hazlo con ingreso ya generado, no con deuda.
  5. Solo entonces considera crecer o pedir crédito. Cuando ya tengas clientes recurrentes y cuentas separadas, el crédito deja de ser una apuesta y pasa a ser una herramienta. Antes de eso, endeudarse para arrancar convierte un mal mes en un problema de años.
Si perdiste el empleo hace poco
Antes de montar nada, revisa la sección de pérdida de empleo de esta guía: hay pasos de orden financiero que conviene dar primero. El autoempleo hecho desde el pánico y con el último dinero disponible tiene mucho peor pronóstico que el mismo autoempleo hecho con un mes de colchón y las cuentas ordenadas.
Si conservas tu empleo pero temes perderlo
Es el mejor momento posible para empezar algo pequeño en paralelo: puedes equivocarte sin que se caiga la casa. Diversificar el ingreso mientras todavía hay uno estable es distinto —y mucho más seguro— que improvisar cuando ya no lo hay.
Si ya tienes un negocio y está apretado
La prioridad no es vender más sino sostener el flujo de caja: cobrar más rápido, renegociar plazos antes de dejar de pagar, recortar lo que no genera ingreso y no financiar clientes que no pagan. Un negocio rentable puede cerrar por falta de liquidez.
Estados Unidos — préstamos por desastre de la SBA
Para zonas con declaratoria de desastre. El préstamo por daño económico (EIDL) es capital de trabajo para pequeños negocios y organizaciones sin fines de lucro afectados; el de daño físico cubre pérdidas no cubiertas por el seguro. Tope combinado de 2 millones de dólares, interés que no excede 4% si no puedes obtener crédito en otro lado, plazo de hasta 30 años y primer pago diferido 12 meses. También hay línea para dueños de vivienda (hasta 500.000) e inquilinos por bienes personales (hasta 100.000).
México — qué existe hoy, con honestidad
El FONDEN dejó de asumir compromisos el 1 de enero de 2021. Lo que opera hoy ante emergencias es el PAEAN, de Protección Civil, y conviene saber qué es y qué no: entrega insumos de auxilio —despensas, agua, cobertores, láminas, material de limpieza— cuando la capacidad del estado se ve rebasada. No es un fondo de reconstrucción ni un crédito para tu negocio. Para capital habrá que mirar programas estatales, municipales o banca de desarrollo, verificando siempre en el sitio oficial: alrededor de estos programas circulan fraudes que usan su nombre.
Brasil — Pronampe para micro y pequeña empresa
Línea de crédito para microempresas (facturación anual hasta 360.000 reales) y pequeñas empresas (de 360.000 a 4,8 millones). El monto llega hasta el 60% de la facturación bruta del año anterior para empresas con más de un año de operación, y hasta el 50% para las nuevas. La tasa máxima es la SELIC más hasta 6% anual.
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Recuperación económica

Adaptación e ingresos

Las recesiones terminan, y conviene saber cómo se declara ese final para no vivir esperando un anuncio. El NBER, que es quien fecha oficialmente los ciclos en Estados Unidos, marca el fin con el valle: el momento en que la actividad «llega a un punto bajo y comienza a subir de nuevo durante un periodo sostenido».

  1. Primero, reconstruye el colchón. Antes de recuperar el nivel de vida anterior, recupera el fondo de emergencia. El CFPB explica el porqué con precisión: sin ese colchón, un gasto imprevisto «puede crecer significativamente más que la factura original por los intereses y las comisiones», porque te obliga a endeudarte. Un fondo pequeño te devuelve algo que el ingreso no: dejar de improvisar.
  2. Después, ataca la deuda más cara. No la más grande ni la más antigua: la de mayor interés, que es la que crece sola mientras duermes. Y si en la crisis conseguiste una prórroga, revisa cómo quedó: muchas aplazan sin perdonar, y conviene saber exactamente qué debes.
  3. Conserva los hábitos que te salvaron. El menú planeado, la comparación de precios, las suscripciones canceladas, las cuentas separadas del negocio. Sostenerlos un año más después de la crisis es lo que convierte el susto en patrimonio.
  4. Conserva también la segunda fuente de ingreso. La tentación al mejorar es soltarla y volver a depender de una sola. Si puedes sostenerla aunque sea a media máquina, la próxima crisis te encuentra con dos piernas en vez de una.
  5. Y anota lo que aprendiste. Qué te dolió, qué te salvó, qué harías distinto. Suena sentimental y es puramente práctico: dentro de unos años vas a necesitar exactamente esa lista, y no vas a recordarla.
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Productos y herramientas

Productos y herramientas que podrían ser útiles

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Plantilla Excel: presupuesto familiar en crisis

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Próximamente

Historias de recuperación

Casos reales, publicados y verificables: cada uno enlaza la fuente donde se documentó. Aquí no hay testimonios inventados.

La Clínica de Ropa, Barranquilla (Colombia) — dejar de vender al público y volverse proveedora

Luz Myriam Céspedes montó un taller de arreglos y costura en noviembre de 2020, en plena crisis. Tuvo que mudarse de local para bajar costos y perdió su clientela: «Me tocó iniciar desde cero con los clientes… pasaban semanas sin entrar nadie». Lo que cambió su negocio fue entrar a un programa que le entregó dos máquinas de coser y, sobre todo, la conectó como proveedora de tres empresas más grandes.

Qué aprender de aquí: Vender al público de a poco es lento y agotador. Convertirse en proveedor de una empresa que compra con regularidad cambia la escala del negocio. Busca programas locales de encadenamiento productivo.

PNUD Colombia · 2023-07-27 · Así fue emprender después de pandemia

Hispanic Market Solution, Lawrence (Massachusetts) — cuánto tarda de verdad una recuperación

Eduardo Crespo vio caer las ventas de su consultora y recurrió a dos programas públicos de apoyo. La recuperación no fue rápida: las ventas empezaron a repuntar en el segundo trimestre de 2022, casi dos años después del golpe. En mayo de 2023 fue nombrado negocio pequeño del año de su estado en la categoría de propietarios de minorías.

Qué aprender de aquí: El crédito público no acelera las ventas: compra tiempo para no cerrar mientras vuelven. Planea con ese horizonte —meses, no semanas— y no te midas contra una recuperación imaginaria de tres meses.

SBA — Administración de Pequeños Negocios (EE. UU.) · Hispanic Heritage Month success story

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