Un tsunami cercano no espera a que suene una alarma: puede llegar en minutos, antes de que ninguna autoridad alcance a emitir un aviso. Por eso la instrucción oficial es distinta a la de casi cualquier otra emergencia — aquí el sismo es la alerta. Quien conoce las tres señales naturales y sube sin esperar permiso, vive; y quien vuelve a la playa después de la primera ola, muchas veces no.
Actualizado el 10 de septiembre de 2026
Coches, camiones y dos grandes barcos pesqueros arrastrados tierra adentro en el puerto de Kodiak, Alaska, por el tsunami de 1964.U.S. Geological Survey, Alaska Technical Data Unit · Dominio público
Aprende hoy tu ruta de evacuación, porque el día del sismo no vas a tener tiempo de improvisarla. La hoja informativa oficial de FEMA da una referencia concreta de a dónde llegar: 30 metros (100 pies) sobre el nivel del mar, o al menos 1,6 kilómetros (una milla) tierra adentro. Si tu zona tiene señalización de evacuación, síguela: está trazada con el estudio de inundación local, que es mejor que cualquier cálculo propio.
Camina tu ruta al menos una vez, con el tiempo cronometrado, y hazla también con los niños y con las personas mayores de la familia.
Ten a mano calzado cerrado y una linterna en un lugar fijo: muchos tsunamis llegan de noche.
Acuerda un punto de reunión en terreno alto, no en casa. Nadie baja a buscar a nadie.
Si vives, trabajas o llevas a tus hijos a una escuela en zona costera baja, pregunta cuál es el protocolo y dónde está la zona segura.
Ten radio de pilas: para el tsunami lejano, el aviso oficial sí llega y hay tiempo de escucharlo.
Tsunami local — el sismo es la alerta
El NWS lo define así: «la fuente de un tsunami local está cerca de la costa y puede llegar en menos de una hora». La NOAA añade que los locales «pueden llegar apenas minutos después» del evento que los origina. En este escenario no habrá boletín a tiempo: si sientes un sismo fuerte o largo en la costa, primero protégete del sismo —agáchate, cúbrete, agárrate— y, en cuanto pare el movimiento, sube.
Tsunami lejano — aquí sí hay aviso
Cuando se genera al otro lado del océano, «hay más tiempo para emitir alertas y responder a ellas». Es el caso en el que la radio, el celular y las autoridades funcionan como sistema de aviso, y en el que conviene salir ordenadamente y no en estampida.
Primero sobrevive al sismo.Si estás en la costa y tiembla, la primera amenaza es el propio sismo: agáchate, cúbrete y agárrate hasta que pare el movimiento. Solo entonces empieza la evacuación.
Sube o aléjate, sin esperar confirmación.Muévete «tan alto o tan tierra adentro como sea posible», o hacia tu zona segura fuera del área de riesgo. No pierdas tiempo comprobando en redes sociales si «de verdad» viene: en un tsunami local, para cuando haya confirmación ya no habrá tiempo.
Hazlo a pie si puedes.La NOAA es explícita: «Planea evacuar a pie si puedes; los caminos pueden estar intransitables por daños, cierres o embotellamientos». Un sismo fuerte deja calles rotas y semáforos muertos; el auto que parecía más rápido es la trampa donde muchos quedan atrapados.
No bajes a mirar el mar.Que el agua se retire y deje el fondo marino a la vista no es un espectáculo: es la señal de que la ola viene. Cada tsunami documentado tiene su lista de personas que bajaron a ver o a recoger peces.
Alerta (Warning)
Se emite cuando un tsunami con potencial de inundación generalizada es inminente, se espera o ya está ocurriendo. Acción: moverse a terreno alto o tierra adentro.
Aviso (Advisory)
Se emite cuando se esperan corrientes u olas peligrosas para quien esté en el agua o muy cerca. Acción: salir del agua y alejarse de playas y canales. No exige evacuar tierra adentro, pero la playa deja de ser un lugar seguro.
Vigilancia (Watch)
Se emite cuando un tsunami podría afectar más tarde a la zona. Acción: mantenerse informado y estar listo para actuar.
Permanece en terreno alto hasta que la autoridad declare el fin del peligro, aunque el mar se vea tranquilo.
Al volver, evita el agua estancada: puede tener drenaje, combustible y cables energizados dentro.
No entres a una construcción que haya estado rodeada de agua hasta que alguien con criterio técnico la revise: el agua descalza cimientos.
Documenta todos los daños con fotografías antes de limpiar o tirar nada, para el seguro y para cualquier apoyo oficial.
Trata el agua de la llave como no potable hasta que lo confirme la autoridad: revisa el procedimiento de desinfección en la guía de crisis de infraestructura.
Cuenta con que la electricidad y el agua tardarán: la guía de apagón energético cubre esos días.
El plan familiar de un tsunami se distingue por una regla que hay que aceptar de antemano: cada quien sube por su cuenta. Nadie baja a buscar a nadie, y el punto de reunión está arriba, no en casa. Suena duro, y es exactamente lo que separa a las familias que se reencuentran de las que no.
Con niños
Enséñales las tres señales naturales como se enseña a cruzar la calle: si tiembla fuerte, si el mar se va, si se oye un rugido, se sube sin pedir permiso a nadie. Un niño que sabe esto puede salvarse aunque no esté contigo, que es justo el escenario que da miedo.
Con personas mayores o con movilidad reducida
Es la parte más difícil y hay que resolverla antes: quién las acompaña, por qué ruta, y qué edificio alto y cercano sirve de refugio vertical si no se alcanza la altura recomendada. Ese acuerdo se hace con los vecinos, no solo dentro de la familia.
Si trabajas o vives frente al mar
Ten en el trabajo lo mismo que en casa: calzado cerrado, una linterna y la ruta sabida. La mayoría de las personas no está en su casa cuando ocurre la emergencia.
Cómo almacenarla para que sirva cuando la necesites
El CDC pide recipientes de grado alimenticio aprobados, con tapa que cierre bien, de material duro e irrompible —nunca vidrio— y con boca angosta para poder verter. Advertencia expresa: no uses envases que hayan contenido químicos tóxicos como cloro o pesticidas. Y lo que casi todo el mundo olvida: el agua guardada se cambia cada 6 meses. Para desinfectar el recipiente antes de llenarlo, una cucharadita de cloro doméstico sin aroma en un litro de agua, esperar 30 segundos y vaciar.
Qué comida tener guardada
Ready.gov recomienda varios días de alimentos no perecederos y da la lista concreta: carnes, frutas y verduras enlatadas listas para comer —y un abrelatas—, barras de proteína o de fruta, cereal seco o granola, crema de cacahuate, fruta seca, jugos enlatados y leche pasteurizada de larga vida. La regla al armarla es sencilla: comida que tu familia de verdad coma, que no necesite cocción y que puedas rotar antes de que caduque.
Mantén refrigerador y congelador cerrados: cada apertura desperdicia horas de la reserva de frío.
Tira todo alimento que haya tocado agua de inundación, aunque el envase parezca intacto. Es instrucción expresa de Ready.gov.
Ten un abrelatas manual. Es el objeto que más se olvida y el que deja la despensa inservible.
Si compras agua embotellada, guárdala sellada en su envase original, en un lugar fresco y oscuro.
Cuando la red celular se satura: escribe, no llames
La guía conjunta de la FCC y FEMA explica el porqué: «los mensajes de texto pueden pasar cuando tu llamada no lo logra», aunque haya retraso en la entrega si la red está congestionada. Y pide algo que casi nadie hace: «limita las llamadas que no sean de emergencia», porque cada llamada ocupa espacio que necesitan las comunicaciones de auxilio. Guarda además un contacto bajo el nombre «ICE» (In Case of Emergency), que es la convención que busca el personal de rescate en un teléfono ajeno.
Cómo estirar la batería
La misma guía recomienda bajar el brillo de la pantalla y desactivar aplicaciones para conservar carga. En una emergencia el teléfono deja de ser entretenimiento y pasa a ser tu única línea con el exterior: trátalo como al agua.
La radio de pilas sigue siendo insustituible
La FCC y FEMA recomiendan una radio de pilas o una televisión portátil para seguir los boletines de emergencia durante los apagones. Es el único canal que no depende ni de tu electricidad ni de la red celular.
Las alertas que ya tienes y no sabías
En Estados Unidos, los Wireless Emergency Alerts son mensajes gratuitos que llegan directo al celular ante clima severo, alertas AMBER y amenazas a la seguridad de tu zona. Dos cosas que conviene saber: no hay que inscribirse —funcionan en los teléfonos desde 2012— y no se ven afectados por la congestión de la red, así que llegan cuando las llamadas ya no pasan. Averigua cuál es el sistema equivalente en tu país y no lo silencies.
Ten al menos una fuente de luz que no dependa de la red: linterna de pilas, de manivela o lámpara recargable.
Carga teléfonos y baterías de respaldo antes de que llegue lo anunciado, no cuando ya no hay luz.
Guarda una lista de teléfonos importantes en papel: si el celular muere, mueren tus contactos.
Acuerda con tu familia que después de una emergencia todos escriben a un mismo contacto en lugar de llamarse entre sí.
Esta es la sección que decide quién la pasa mal y quién la pasa peligrosamente mal. Una emergencia no suspende la diabetes, la hipertensión, el embarazo ni la dependencia de un concentrador de oxígeno: lo que se interrumpe es el acceso a la farmacia, a la clínica y a la electricidad. Todo lo que sigue se prepara antes, porque durante ya no hay margen.
Ten reserva de tus medicamentos, y sabe cuáles aguantan.Ready.gov pide un suministro de varios días de los medicamentos recetados. Para los que van en refrigerador, el CDC es tajante: cuando la luz lleva un día o más caída, se desecha todo medicamento que deba refrigerarse, salvo que su etiqueta diga otra cosa.
La excepción de la insulina, que conviene saber al pie de la letra.La FDA documenta que la insulina en frascos o cartuchos del fabricante —abierta o cerrada— puede permanecer sin refrigerar entre 15 y 30 °C (59 y 86 °F) hasta 28 días y seguir funcionando. Pierde efectividad con temperaturas extremas, y cuanto más larga la exposición, menos sirve. En emergencia «puede que aún necesites usar insulina que se almacenó por encima de 30 °C» —es preferible a no usarla—, pero en cuanto vuelva el almacenamiento adecuado, esos frascos se descartan y se reemplazan.
Si alguien depende de un equipo médico eléctrico, hay un trámite que casi nadie hace.Ready.gov lo dice explícitamente: puedes pedirle a tu proveedor de electricidad que te incluya en una lista de prioridad para el restablecimiento del servicio. Ese trámite es gratuito, se hace un día cualquiera y cambia el orden en que te reconectan. Añade una batería adicional para la silla de ruedas eléctrica y para cualquier dispositivo de asistencia, y habla con el médico sobre cómo sostener el equipo durante un apagón.
Guarda copia de la información médica, no solo las pastillas.Lista de medicamentos con dosis, alergias, diagnósticos, contactos de los médicos y —para bebés— la cartilla de vacunación. Un frasco sin receta no siempre se puede reponer en una farmacia de otra ciudad; una lista escrita sí resuelve.
Embarazo y recién nacidos
El CDC pide en el kit las vitaminas prenatales y demás medicamentos, y suministros por si el parto ocurre sin poder llegar al hospital: toallas limpias, tijeras afiladas limpias, perilla de succión, guantes, dos agujetas blancas limpias para atar el cordón, sábanas limpias, toallas sanitarias, jabón o alcohol y bolsas de basura. Para bebés: pañales, toallitas, crema, biberones y fórmula. Un detalle que importa: la fórmula lista para tomar es la opción más segura en emergencia, porque no hay que mezclarla con agua y viene en envases estériles de un solo uso.
Discapacidad, movilidad reducida y adultos mayores
Ready.gov insiste en planificar por adelantado el transporte accesible que se necesitará para evacuar o moverse, y en contemplar al animal de servicio o de apoyo con su comida, agua y suministros. Ese plan se acuerda con vecinos concretos y con nombre, no en abstracto.
El golpe que llega después: la salud mental
El CDC nombra las reacciones normales tras un desastre —miedo, enojo, tristeza, preocupación, entumecimiento, frustración, problemas para dormir o pesadillas— y recomienda cuidar el cuerpo, mantener el contacto con otras personas y tomar descansos de las noticias. En Estados Unidos y sus territorios existe la Línea de Ayuda para los Afectados por Catástrofes, disponible las 24 horas: 1-800-985-5990, con atención en español. Pedir ayuda aquí no es debilidad: es parte de la recuperación, igual que reparar el techo.
Antes de volver a entrar: mira, huele y escucha desde afuera.El CDC lo ordena así: si hueles gas o sospechas una fuga, cierra la válvula principal, abre todas las ventanas y sal de inmediato. Si hay agua estancada dentro y puedes cortar la corriente desde un lugar seco, córtala. Y una advertencia sencilla que evita explosiones e incendios: usa linternas de pilas, no velas, lámparas de gas ni antorchas.
Ventila antes de instalarte.La recomendación del CDC es entrar brevemente a abrir puertas y ventanas y dejar que la casa se ventile al menos 30 minutos antes de permanecer dentro.
Cortar los servicios: cuándo sí, y el error que no se puede cometer.El gas tiene una regla sin excepciones: si lo cierras por cualquier motivo, solo un profesional calificado puede volver a abrirlo. Nunca lo reabras tú. La electricidad se corta apagando primero los circuitos individuales y al final el interruptor principal —importa el orden, porque una chispa eléctrica puede encender gas si hay fuga—. El agua conviene cerrarla si las tuberías pudieron agrietarse, porque eso contamina el suministro de la casa, y no reabrirla hasta que la autoridad confirme que es potable.
Vuelve solo cuando lo autoricen.Suena obvio y es la instrucción que más se rompe: regresa a casa únicamente cuando las autoridades digan que es seguro. El daño estructural no siempre se ve desde la calle.
Haz hoy un inventario con fotos de lo que hay en cada cuarto: se hace en veinte minutos y vale oro en un reclamo.
Guarda ese inventario y las pólizas fuera de la casa —en la nube o con un familiar—, porque un archivo que se moja con la casa no sirve de nada.
Si tienes que salir, lleva contigo los documentos, no los muebles.
No firmes nada con un contratista mientras estés en shock: revisa la sección de dinero, donde están las señales de fraude.
La recomendación oficial es guardar pólizas de seguro, escrituras, registros de propiedad y demás papeles importantes en un lugar seguro fuera de la casa. FEMA publica para esto el Emergency Financial First Aid Kit, organizado en cuatro bloques: identificación del hogar, documentación financiera y legal, información médica y contactos. Su regla para el papel: caja o caja fuerte a prueba de fuego y agua, caja de seguridad bancaria, o en manos de alguien de confianza. Para lo digital: archivos protegidos con contraseña en una memoria externa o en almacenamiento seguro fuera del domicilio. Y si pagas todo en línea, imprime periódicamente los registros de tus cuentas.
Un fondo de emergencia, aunque sea pequeño
El CFPB evita las fórmulas mágicas: «la cantidad que necesitas depende de tu situación», pero «incluso una cantidad pequeña puede dar algo de seguridad financiera». Su argumento de fondo es el que importa: sin ese colchón, un gasto imprevisto de una sola vez puede crecer muchísimo más que la factura original por intereses y comisiones, porque obliga a recurrir al crédito.
Servicio de limpieza y retiro de lodo después de una inundación
Tras una inundación muchas viviendas y locales necesitan retirar lodo, secar y desinfectar antes de volver a usarse. Es un trabajo físico, de demanda concentrada en las semanas posteriores.
Secado y desinfección de muebles, colchones y alfombras
Tras bajar el agua, muchos hogares no pueden reponer todos sus muebles y prefieren recuperarlos. Secar, lavar y desinfectar colchones, sillones y alfombras es un servicio con demanda concentrada en las semanas siguientes.
Sacar escombro, muebles inservibles y electrodomésticos dañados al punto de acopio que indique el municipio, o mover pertenencias a un lugar seco, es de lo primero que se necesita y de lo que menos gente puede hacer sin vehículo.
Cuando muchas familias se quedan sin cocina, sin gas o sin tiempo por atender la emergencia, la comida hecha y económica se vuelve un servicio básico del barrio.
Inversión estimada: USD 20–300Dificultad: bajaDesde casa
Las oportunidades son posibilidades, no garantías. El resultado depende de la ubicación, la demanda, la competencia, el capital, las habilidades y las circunstancias de cada persona.
Filtra las posibilidades de ingreso según tu situación. Los resultados son puntos de partida para investigar en tu zona, no recomendaciones personalizadas.¿Qué puedo hacer?
Qué se puede vender
Adaptación e ingresos
Un tsunami deja un daño distinto al de una inundación de lluvia: el agua llega con fuerza, arrastra y deja sal, lodo y escombro pesado tierra adentro. La demanda se parece a la de una inundación, pero con dos añadidos propios: el arrastre de objetos grandes y el daño por agua salada.
Retiro de escombro y de objetos arrastrados: muebles, vehículos, embarcaciones y restos de construcción tierra adentro.
Limpieza de lodo y sal en interiores, patios y calles.
Secado de viviendas y control de moho, con el mismo reloj de 24 a 48 horas que en cualquier inundación.
Lavado y recuperación de enseres que estuvieron en agua salada, que corroe metales y electrónica.
Limpieza de cisternas y tinacos que quedaron contaminados con agua de mar.
Agua potable y comida preparada mientras la red no vuelve.
Señalización y rutas de evacuación: pintura, letreros y mapas para colonias y comercios costeros, que es el trabajo preventivo.
Conviene partir de un dato para dimensionar de qué estamos hablando: según la OIT, la informalidad afecta a casi la mitad de la población ocupada de América Latina y el Caribe, alrededor del 47%, con diferencias enormes entre países —menos del 30% en Uruguay y Chile, más del 70% en Bolivia y Perú—. Para millones de familias de la región, «buscar trabajo» y «montar algo por cuenta propia» son la misma frase. Lo que sigue no es una promesa de ingresos: es el mapa de lo que la gente efectivamente hace cuando pasa una crisis, con sus requisitos y sus riesgos a la vista.
Limpieza y secado tras el agua salada
Es el trabajo con más demanda y conviene entenderlo bien: la sal no se va sola, hay que enjuagar con agua dulce lo que se quiera salvar, y después secar. El reloj del NIOSH manda igual que en una inundación —retirar o secar el material dañado por agua en 24 a 48 horas para frenar el moho—, y el límite de la EPA también: por encima de 10 pies cuadrados de moho, o si el agua venía del drenaje, el trabajo es para un profesional con experiencia.
Retiro de escombro pesado y objetos arrastrados
Un tsunami mueve cosas que una inundación no: vehículos, lanchas, tanques. Ese trabajo requiere equipo y coordinación con la autoridad, que suele definir dónde se deposita cada tipo de resto. Si no tienes maquinaria, hay trabajo de sobra en la clasificación y el acarreo manual, respetando el equipo de protección que documenta OSHA: botas, guantes, casco y protección ocular y respiratoria.
Señalización de rutas de evacuación — el negocio preventivo
Es el más útil y el menos atendido. Pintar y colocar señales de ruta de evacuación, marcar la cota segura y elaborar mapas simples para colonias, hoteles, escuelas y comercios costeros. Se vende a comités vecinales, cámaras de comercio y negocios turísticos, que tienen un interés directo en poder decir que su zona está señalizada. Y a diferencia del resto de esta lista, este trabajo salva vidas antes de que pase nada.
Estados Unidos — préstamos por desastre de la SBA
Para zonas con declaratoria de desastre. El préstamo por daño económico (EIDL) es capital de trabajo para pequeños negocios y organizaciones sin fines de lucro afectados; el de daño físico cubre pérdidas no cubiertas por el seguro. Tope combinado de 2 millones de dólares, interés que no excede 4% si no puedes obtener crédito en otro lado, plazo de hasta 30 años y primer pago diferido 12 meses. También hay línea para dueños de vivienda (hasta 500.000) e inquilinos por bienes personales (hasta 100.000).
México — qué existe hoy, con honestidad
El FONDEN dejó de asumir compromisos el 1 de enero de 2021. Lo que opera hoy ante emergencias es el PAEAN, de Protección Civil, y conviene saber qué es y qué no: entrega insumos de auxilio —despensas, agua, cobertores, láminas, material de limpieza— cuando la capacidad del estado se ve rebasada. No es un fondo de reconstrucción ni un crédito para tu negocio. Para capital habrá que mirar programas estatales, municipales o banca de desarrollo, verificando siempre en el sitio oficial: alrededor de estos programas circulan fraudes que usan su nombre.
Brasil — Pronampe para micro y pequeña empresa
Línea de crédito para microempresas (facturación anual hasta 360.000 reales) y pequeñas empresas (de 360.000 a 4,8 millones). El monto llega hasta el 60% de la facturación bruta del año anterior para empresas con más de un año de operación, y hasta el 50% para las nuevas. La tasa máxima es la SELIC más hasta 6% anual.
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Historias de recuperación
Casos reales, publicados y verificables: cada uno enlaza la fuente donde se documentó. Aquí no hay testimonios inventados.
Yagisawa Shoten, Rikuzentakata (Japón) — la fábrica se perdió, la levadura no
El tsunami del 11 de marzo de 2011 destruyó por completo la salsera fundada en 1807: se perdió todo el inventario, murió un empleado y seis perdieron familiares. La empresa se salvó por algo que había hecho antes del desastre: había donado muestras de sus hongos de fermentación a un laboratorio, y esos cultivos —la identidad del producto, imposible de recomprar— sobrevivieron fuera del pueblo. Con 1,5 millones de dólares reunidos por inversión colectiva en la plataforma Music Securities, mantuvo en nómina a sus 38 empleados, levantó una fábrica nueva en el terreno de una escuela y volvió a vender productos de terceros ya en mayo de 2011, aunque su propia salsa no salió de nuevo hasta mayo de 2013. En marzo de 2015 vendía cerca del 70% de lo que vendía antes y todavía no daba ganancia.
Qué aprender de aquí: Guarda una copia de lo que no se puede recomprar —recetas, moldes, cultivos, planos, base de clientes— fuera de tu zona de riesgo, hoy. Y nota los plazos reales: dos años hasta volver a hacer el producto propio, cuatro sin recuperar las ventas. Planifica la recuperación en años, no en semanas.
Lo que enseñan los tsunamis documentados. América tiene el registro más contundente de todos: el sismo más grande jamás medido ocurrió en Chile.
Valdivia, Chile, 22 de mayo de 1960 — el tsunami que cruzó el Pacífico
El sismo de magnitud 9.5 es «el terremoto más grande jamás registrado instrumentalmente». Las muertes en Chile por ambos eventos se estiman entre 490 y 5.700, según la NOAA. Pero lo que marca la diferencia de este caso es el alcance: el tsunami mató a 61 personas en Hawái, dejó al menos 21 muertos en Filipinas y llegó a Japón casi un día después, donde destruyó cerca de 3.000 casas. La lección: un tsunami lejano puede matar al otro lado del océano un día entero después. Si tu país emite un aviso por un sismo ocurrido lejos, ese aviso es real.
Queule, Chile, 1960 — la señal natural que salvó a una familia
El USGS documenta en su circular sobre supervivencia que, en Queule, a Vitalia Llanquimán le avisó un hombre a caballo de que el mar se había retirado de la costa. Su esposo lo interpretó como lo que era —el aviso de un tsunami— y subieron con los niños al cerro, donde se salvaron. Otra familia del mismo pueblo permaneció en terreno bajo pese a que los vecinos ya evacuaban, y perdió integrantes. La lección: saber leer la señal y actuar sin esperar confirmación es, literalmente, la diferencia.
Onagawa, Japón, 1960 — un pueblo entero avisado a tiempo
En el mismo documento del USGS se registra el caso del bombero Kimura Kunio, que notó de madrugada un movimiento anómalo del agua en el puerto y alertó al pueblo. Los habitantes llegaron a terreno alto antes de la primera ola grande y no hubo muertes. El documento confirma además el patrón que esta guía repite: la segunda ola fue mayor que la primera, y la mayor llegó todavía después.
La escala del riesgo, en cifras oficiales
La NOAA registra los eventos mayores recientes: Chile 2010, sismo de magnitud 8.8, 558 muertos entre sismo y tsunami; Japón 2011, magnitud 9.0, 15.890 muertos y 2.590 desaparecidos; Océano Índico 2004, magnitud 9.1, 227.898 muertos o desaparecidos. Son cifras combinadas de sismo y tsunami, tal como las publica la fuente.
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